A comienzos del siglo XX la medicina empezó a tener al hospital como referente central y esencial para su labor práctica, tanto en la dimensión terapéutica, como en la dimensión educativa. Desde entonces se reconoce que la enseñanza de la medicina requiere de un hospital para llevar a cabo, de manera idónea, el proceso de formación de un profesional médico. El hospital brinda un escenario donde se centraliza, en gran parte, el conocimiento de la enfermedad. Allí se contrasta el conocimiento aprendido en los libros con la realidad del enfermo. El hospital también posibilita una aproximación concreta al aparataje tecnológico que sirve de apoyo para la labor del médico y constituye un laboratorio de interacción social donde se establecen las relaciones entre los diversos profesionales que conforman el equipo médico.
Sin embargo, este hecho implica articular dos complejas organizaciones: el hospital y la universidad. El hospital del siglo XXI es una colosal institución científico-técnica, escenario fundamental para el desarrollo de la acción terapéutica. La universidad del siglo XXI es una institución educativa de masas, productora de conocimientos y recreadora de prácticas profesionales.
Lo que hace de una institución hospitalaria un hospital universitario es el vínculo y el compromiso que dicha institución adquiere con las funciones esenciales de la Universidad. Dichas funciones suelen formularse como docencia e investigación. Lo cual le imprime, o le debe imprimir, un carácter específico y particular frente a las demás instituciones asistenciales. |